La comida Italiana, siempre nos ha cautivado como un manjar. Resalta elementos esenciales del mediterraneo, mezclando ingredientes del viejo y del nuevo mundo. Nos da la sensación de un entorno romántico y lleno de elegancia al ser presentada de manera apropiada. Nos llena de calidez y en algunos momentos hasta puede recordarnos un poco a la comida mexicana.

La semana pasada, tuve la oportunidad de asistir a un restaurante italiano llamado “La Piccola Italia”, un restaurante localizado en la ciudad de Puebla. El restaurante se destaca por su pasta elaborada dentro del establecimiento, lo cual le da un giro muy interesante a la comida. Para aquellos que no han probado la pasta artesanal o hecha en casa, ya tienen tarea para esta semana. Es increible como cambia el sabor de la pasta al ser hecha a mano (y el precio).  

Antes de llegar a La piccola Italia, no sabía que esperar, tenía en cuenta el concepto mas no sabía como sería el ambiente. Al llegar puedes leerlo inmediatamente, es un ambiente para parejas o para adultos, es un poco neutral la decoración y la música en varios momentos pasa desapercibida, aun así es un lugar bastante iluminado y destacan más los colores claros, lo cual me dió mucha confianza comer ahí.

La atención de parte del personal fue inmediata y constante pero no hostigosa.El restaurante cuenta con una terraza que forma parte de su área designada para fumadores, aunque no fumen les recomiedo ésta área pues está más ventilada y de noche da una vista muy agradable.

Una vez ordenados nuestros alimentos, acercaron pan y mantequilla junto a un tipo pesto, muy agradable al paladar, pero por un momento pensé que comía chimichurri y no pesto, lo cual me sacó del concepto totalmente.

Al mismo tiempo que degustaba el pan con chimichurri, digo…pesto, ordené como bebida una copa de vino tinto chianti y para acompañar un “vaso con agua” y algo que me molesta mucho de un restaurante, no se ustedes, es que abran una botella de agua delante de mi, la sirvan en el vaso y la coloquen en la mesa sin decir nada. Entiendo que puede ser que no tengan garrafones o agua de la llave (sarcasmo) pero aun así pueden decirme: contamos con botellas de agua, ¿gusta una? No soy codo cuando tengo sed, pero aun así es un detalle que hace la diferencia entre regresar o no a un restaurante para mi. Aparte por un momento pensé que era cortesía, pues no fue agua embotellada de alguna maca reconocida, si no agua Junghanns con el nombre de La piccola Italia sobre la etiqueta. Para ser franco, me pudieron haber servido agua embotellada ciel y hubiera sentido mi compra un poco más inteligente.

Después de un corto tiempo de mi pequeña crisis mental del agua, llegaron los alimentos para alegrarme la noche. Llamativos a la vista y al olfato, con buena temperatura, excelente porción y con un tule de albahaca en el centro para darle altura al plato. Ordené un pollo a la parmesana con espagueti a la crema como guarnición. La pechuga de pollo me dió una mayor sorpresa que la pasta casera, pues nunca hubiera esperado que estuviera tan jugosa. Aunque claro la pasta tampoco se quedó atrás, fue un complemento perfecto para el pollo. En el momento que sirven los alimentos, complementan el servicio ofreciendote queso recien rallado en un molino sobre tus alimentos si así lo deseas, lo cual me agradó bastante.

Al final, fue una buena visita a La Piccola Italia, fuera del incidente del agua, que al final resultó no ser cortesía. Aparte de ésto, la relación precio-proporción de los platillos me pareció razonable, por la zona y por el ambiente. Y claro al final una pequeña menta no salió sobrando al momento que la hostess se despedía y nos invitaba a regresar pronto.

Recuerden siempre, una buena comida no es nada sin una buena compañia. Disfrueten sus alimentos siempre rodeados de seres queridos y la comida les querrá a ustedes.

http://www.lapiccolaitalia.com.mx/